Un estudio impulsado por el grupo de Trastornos Mentales de Alta Prevalencia (TRAMAP) del IdISBa revela factores clave para mejorar la adherencia a las intervenciones en depresión resistente al tratamiento

El grupo de Trastornos Mentales de Alta Prevalencia (TRAMAP) del IdISBa ha publicado un nuevo artículo científico que analiza la adherencia y el compromiso de los pacientes con depresión resistente al tratamiento (TRD) que participan en intervenciones terapéuticas por videoconferencia. El estudio compara dos estrategias: un programa de promoción de estilos de vida (LMP) y la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT).
Principales resultados del trabajo
Aunque la adherencia global se mantiene baja —solo un 35% de los participantes completó la totalidad de las sesiones—, los autores observan que una parte muy relevante de los pacientes sí mantiene un compromiso terapéutico significativo. De hecho, casi un 70% asistió al 75% o más de las sesiones y cerca del 80% completó, como mínimo, la mitad del tratamiento. Este patrón sugiere que, a pesar de las dificultades para finalizar la intervención, la mayoría de los pacientes se expone a una proporción sustancial del contenido terapéutico.
El estudio también pone de manifiesto diferencias significativas entre los dos tipos de intervención. El programa de estilos de vida (LMP) muestra niveles de adherencia notablemente superiores a la intervención basada en mindfulness (MBCT). Los participantes del LMP no solo completan con mayor frecuencia la totalidad del tratamiento, sino que también asisten a un porcentaje más elevado de sesiones. Esta mayor implicación podría estar relacionada con el carácter práctico y aplicado del programa LMP, que incluye recomendaciones sobre actividad física, ritmo sueño-vigilia, alimentación, contacto con la naturaleza y apoyo social, aspectos especialmente motivadores en el contexto pospandemia.
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es la identificación de la edad como principal predictor de implicación. Los análisis muestran que las personas de mayor edad tienden a asistir a un número más elevado de sesiones, independientemente del tipo de intervención. Este resultado, coherente con investigaciones previas en intervenciones digitales, sugiere que la madurez puede favorecer la constancia y el compromiso en tratamientos remotos. Además, los datos indican una tendencia a que una mayor implicación se relacione con una mejor evolución clínica, incluida la remisión de los síntomas depresivos, aunque esta relación no llega a ser estadísticamente significativa.
También se detectan diferencias interesantes cuando se observan ciertos factores sociodemográficos dentro del grupo LMP. Los pacientes con estudios secundarios o universitarios, quienes viven solos, quienes residen en zonas urbanas o quienes afrontan un primer episodio depresivo tienden a mostrar una participación más elevada. Estos elementos sugieren que el contexto vital y educativo de los participantes puede influir en la forma en que se acercan a intervenciones que promueven cambios en el estilo de vida. Esta información puede resultar especialmente útil en la futura adaptación y personalización de este tipo de programas.
Finalmente, el estudio señala que una mayor implicación con la intervención podría estar relacionada con una mejor respuesta terapéutica, especialmente en lo que respecta a la remisión de los síntomas. Aunque la relación no es concluyente, sí se observa una tendencia positiva. Este hallazgo refuerza la importancia de trabajar en estrategias que aumenten el compromiso de los pacientes, ya que puede tener un impacto directo en la eficacia final del tratamiento.
Conclusiones
Este trabajo aporta nuevas claves para entender por qué algunos pacientes con depresión resistente al tratamiento mantienen un compromiso mayor que otros en intervenciones por videoconferencia. La edad emerge como un factor determinante, mientras que el programa de estilos de vida muestra un potencial especialmente prometedor para fomentar la adherencia. Los autores subrayan la necesidad de seguir investigando y explorar herramientas complementarias —como aplicaciones de seguimiento o recursos digitales adicionales— que puedan reforzar la motivación y la participación sostenida. Esta evidencia permitirá optimizar futuros programas terapéuticos adaptados a las necesidades y perfiles de los pacientes.