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lunes, 29 de noviembre de 2021
Entrevista al Dr. Joan Llobera, responsable del Área de Salud Pública, Epidemiología, Clínica y Servicios de Salud del IdISBa

El doctor Joan Llobera (Pollença, 1956) está especializado en medicina preventiva y salud pública. Profesionalmente, es técnico de salud pública de Atención Primaria. En la actualidad, es el jefe de investigación de Atención Primaria de Mallorca y también el jefe del área de salud pública del Institut d'Investigació Sanitària Illes Balears (IdISBa). Durante la entrevista, el doctor Llobera destaca que la investigación primaria que están llevando a cabo en el Idisba les sitúa como la tercera comunidad autónoma de España en ese ámbito.

 

¿La investigación biomédica se realiza sólo en los laboratorios?

La investigación biomédica va más allá del laboratorio, en el sentido de que se focaliza en los problemas de salud del paciente. Hay una parte de investigación básica, pero sobre todo hay una parte de investigación clínica y de investigación social, pues la salud viene determinada de alguna forma por la situación clínica y la situación social.

 

¿Qué campos abarca dicha investigación?

Uno de los campos de la investigación biomédica sería la investigación en prevención de la salud. Me refiero, por ejemplo, a la investigación en la mejora del estilo de vida, para que éste sea más saludable. En ese sentido, se trataría de tener unos hábitos sanos, como no fumar, seguir una dieta equilibrada o practicar ejercicio.

 

¿Qué más podríamos decir en el ámbito de la prevención de la salud?

En el ámbito de la medicina preventiva está asimismo todo lo relacionado con la detección precoz. En este caso, se intenta que la gente acuda a los cribados que se puedan hacer de mama, de colon o de cualquier posible problema de salud, para que se detecten precozmente las enfermedades, con la certeza de que si las detectamos pronto, tienen una mejor solución.

 

¿Hay otros tipos de prevención?

Sí, efectivamente. Está también la prevención de la iatrogenia, es decir, de los efectos indeseables de las propias actuaciones sanitarias. En ese ámbito se encuentra la investigación sobre los efectos secundarios de los fármacos, intentando que la terapéutica se adecúe a la minimización de los riesgos inherentes al propio fármaco. En ese sentido, es bueno quitar la prescripción de determinados medicamentos a partir de un momento dado, cuando su uso continuado puede no tener ya demasiado sentido. A modo de ejemplo, le diría que debemos intentar evitar el abuso en el uso de las benzodiacepinas —que se utilizan como ansiolíticos—, para evitar posibles recaídas futuras en personas mayores.

 

¿Podría poner por favor algún ejemplo más sobre esta cuestión?

Bueno, se deberían intentar evitar también posibles interacciones negativas cuando se utilizan determinados fármacos. Le pondré un ejemplo concreto. Si alguien es hipertenso y sufre por ejemplo una inflamación en un pie, ha de saber que si le recetan antiinflamatorios le subirá la presión arterial. Como ve, se trataría, en definitiva, de dar cada fármaco cuando toca y durante el tiempo que toca.

 

Además de la prevención, está también la promoción de la salud...

Sí, la promoción de la salud sería un paso previo, en el sentido de intentar tener unos entornos lo más saludables posibles. Se trataría de intentar conseguir unos entornos educativos y laborales saludables, o que las ciudades y las barriadas sean también saludables. Estas iniciativas de promoción de la salud también las investigamos.

 

¿En el IdISBa han desarrollado también trabajos específicos vinculados al coronavirus?

Efectivamente. Hemos hecho diversos proyectos en relación al COVID, como por ejemplo uno sobre la evolución de la prevalencia del COVID en pacientes asintomáticos. Asimismo, hemos realizado un estudio con más de 600 personas sobre cómo han afectado la pandemia y el confinamiento a la salud mental de la población. Igualmente, hemos llevado a cabo un ensayo con profesionales sanitarios que están en primera línea para ver qué herramientas les podrían ayudar a reducir el estrés. Destacaría también un proyecto para valorar la fiabilidad y la validez de los primeros test de antígenos.

 

¿El proceso de creación de las vacunas contra el COVID se ha hecho con todas las garantías?

Sí. De hecho, ese proceso ha sido un ejemplo de cómo el mundo se puede organizar para dar respuestas rápidas. Normalmente, una nueva vacuna se suele crear después de muchos años de trabajo, sobre todo de investigación básica y de puesta a punto. En este caso, desde hacía veinte años había ya una labor de investigación previa de la función del ARN mensajero —molécula que tiene la información genética que se necesita para elaborar las proteínas—, gracias a lo cual se han podido crear ahora en muy poco tiempo las vacunas de ARN mensajero contra el coronavirus. Lo mismo ha ocurrido con otras vacunas contra el coronavirus, pues se partía de unas formas de producción de vacunas ya conocidas.

 

Entiendo, sí...

La confluencia de la investigación básica, de la investigación aplicada realizada por instituciones públicas y de la capacidad de producción de las grandes empresas biotecnológicas, ha permitido que se pudieran hacer todas las fases de desarrollo de las vacunas en mucho menos tiempo del que suele ser habitual. Además, se han destinado muchos fondos para poder hacer la captación de las personas participantes y las pruebas se han llevado a cabo con mucha más rapidez de lo que estamos acostumbrados, porque había una necesidad a nivel mundial de encontrar una respuesta a este problema.

 

¿Las citadas vacunas son seguras entonces?

Sí, lo son. Además, el balance entre los posibles beneficios y los posibles riesgos para la persona que se ha vacunado muestra que los beneficios son infinitos, tanto para esa persona como para la sociedad que recibe la vacuna, algo que yo considero muy importante. En cuanto a los riesgos, se ha visto que eran ínfimos, si bien es cierto que en algunos casos puntuales ha habido efectos adversos graves en algunas personas. Aun así, dichos efectos adversos no serían en absoluto comparables con la gravedad de la propia enfermedad.

 

¿Destacaría alguna peculiaridad de este virus?

Una de las cosas que ha tenido de particular esta enfermedad con respecto a otras, y que además ha hecho muy difícil su control, ha sido que hay muchos pacientes asintomáticos. Como hoy sabemos ya, cuando un paciente está infectado, pero aún es asintomático, puede transmitir la enfermedad. Eso ha sido un reto. Precisamente, por ello hubo al principio el cierre de la actividad y por ello ha habido también medidas como la protección con mascarillas o la distancia interpersonal, porque había gente asintomática que podía estar extendiendo la enfermedad.

 

¿La Atención Primaria es hoy la primera barrera contra el coronavirus?

Bueno, ya en la primera ola sólo uno de cada diez pacientes era atendido en un hospital, mientras que el resto se seguían desde Atención Primaria. Ese hecho ha sido prácticamente una constante desde entonces. Sólo iban al hospital los pacientes que necesitaban una atención más específica, ya fuera en planta o en la UCI, mientras que el resto de pacientes se quedaban en su domicilio, con determinadas prescripciones. Por tanto, desde Atención Primaria se ha atendido siempre a la gran mayoría de pacientes.

 

¿Podemos pronosticar ya cuándo podría acabar esta pandemia?

La verdad es que no sabemos aún si habrá más olas y hasta cuándo las habrá, pues si bien la vacunación es una herramienta muy efectiva para reducir los casos graves y los ingresos en las UCI y las muertes, no es tan efectiva para prevenir la infección por COVID. Estando ya vacunado, te puedes contagiar, y si te contagias, puedes transmitir la enfermedad. Aun así, los vacunados tienen tendencia a transmitir menos el virus si padecen la enfermedad y a hacerlo con una menor carga viral. En cualquier caso, es una realidad que hoy sigue circulando el virus, como también lo es que hay algunas variantes muy contagiosas.

 

¿Habrá al menos una disminución de los ingresos hospitalarios?

Efectivamente. En el caso de Portugal y de España, con unas tasas de vacunación que rondan el 80 por cien, los niveles de estrés en su sistema sanitario serán mucho menores, aunque ambos países puedan tener la misma incidencia de casos que un país con unas tasas de vacunación más bajas. Así, aun teniendo por ejemplo 300 casos por cada 100.000 habitantes, seguramente muy poca gente de ambos países ingresará en el hospital, irá a la UCI o morirá. Ahora mismo, los no vacunados, siendo porcentualmente tan pocos, son los que esencialmente llenan los hospitales de casos de COVID.

 

¿Cuál sería su conclusión en ese sentido?

Mi conclusión sería que cuantos más vacunados tengamos, menores serán las consecuencias de las posibles nuevas olas epidémicas que pueda haber. En ese contexto, la sociedad ha de aprender a manejar dichas consecuencias, sin que sea preciso parar todas las actividades.

 

¿Qué nos aconseja entonces?

Aconsejaría que nos vacunemos y también que seamos prudentes y no nos expongamos a un posible contagio innecesariamente. En relación a este último punto, es necesario que llevemos la mascarilla en los espacios cerrados y que evitemos los lugares muy masificados cuando no llevemos protección. Si nos vacunamos y si intentamos reducir posibles nuevos contagios, podremos llevar una vida relativamente normal, aunque siga habiendo nuevas olas o haya un incremento de la incidencia. Dicho esto, quizás necesitaremos en el futuro una tercera o una cuarta dosis de refuerzo, porque las inmunidades se han de reforzar.

 

¿Considera que serían necesarias nuevas restricciones estas próximas Navidades?

Soy partidario de que, como están haciendo ya otros países, se exija el certificado COVID para ciertas actividades, para evitar que puedas exponer al resto de la gente a una infección simplemente porque no te has querido vacunar. Creo que dicho certificado ha de exigirse para estar en lugares públicos cerrados o en espacios donde estén previstas aglomeraciones. Es fundamental que haya esa exigencia del certificado, porque se podrán evitar muchas infecciones. Además, si aun así alguien se infectase, no tendría tantas consecuencias.

 

Vale la pena, efectivamente...

De ese modo, podrán seguir desarrollándose ciertas actividades en lugar de restringirlas totalmente. Si uno va por ejemplo al teatro con la exigencia del certificado COVID, estará más tranquilo que si no se le exige. Y si además también se le pide que lleve la mascarilla durante todo el tiempo que dure la representación, estará mucho más tranquilo aún. En definitiva, hemos de normalizar el hecho de que haya esas y otras medidas de prevención si queremos tener una vida mínimamente normal.

 

FUENTE: Mallorca Diario (28/11/2021)